22.10.16

DISOLUCIÓN DE COMUNIDAD DE BIENES VOLUNTARIA CON EXCESO COMPENSADO EN METALICO. PLUSVALIA MUNICIPAL

JCA 10 de Sevilla ST 149/2016 de 28 de abril:
Se impugna la liquidación del IIVTNU, como consecuencia de la extinción del condominio, notarialmente documentado el 13/06/2014, formado por la actora y su ex-esposo respecto de una vivienda unifamiliar en el término de Gines.
La cuestión litigiosa es jurídica y se centra en si la extinción del condominio, cuando se adjudica el inmueble a uno de los comuneros y se compensa al resto, está o no sujeta al impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana. La Dirección General de Tributos considera que no está exento en su consulta 1591/2008:
«2. En el segundo de los casos, la comunidad de bienes “voluntaria”, si la extinción de la misma se produce con adjudicación a cada uno de los comuneros en proporción a su cuota de participación, sin que se produzca exceso de adjudicación a ninguno de ellos, no se produce el devengo del Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana. La división tiene un efecto declarativo y no traslativo, porque no atribuye algo que no tuvieran antes los comuneros y no produce en éstos ningún beneficio patrimonial, al existir una distribución proporcional y equitativa de los bienes existentes en la comunidad que se disuelve, respetando la cuota de participación que cada uno tenía. Por tanto, en este caso, no se produce la sujeción al IIVTNU.
3. Pero, si la extinción de la comunidad de bienes “voluntaria” se realiza mediante la adjudicación de los bienes a uno de los comuneros y compensación económica al resto de los comuneros, se produce un exceso de adjudicación que es gravado por el Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana. No existe una simple extinción del condominio, con adjudicación proporcional a los partícipes, sino una transmisión patrimonial por el exceso de adjudicación a uno de los partícipes respecto a su cuota de participación inicial.»
No es esta, sin embargo, la opinión de los tribunales de justicia. Resulta que al tratarse de una vivienda unifamiliar, como es el caso, la única forma de división o extinción del condominio es, precisamente, su adjudicación a uno solo de ellos compensando al resto. Es lo que dispone el artículo 1062 del Código Civil, que dice: «Cuando una cosa sea indivisible o desmerezca mucho por su división, podrá adjudicarse a uno, a calidad de abonar a los otros el exceso en dinero.». Puede traerse a colación la STSJ de Cataluña (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 1.ª), núm. 443/2013,  de 18 de abril (JUR 2013\198614) :
«[…] La STS de 28 de junio de 1999 , dictada en recurso de casación en interés de ley, recoge con precisión el problema, al señalar:
1) Que como recuerda la STS de 23 de Mayo de 1998, con cita de otras de la Sala Primera y de la Sala Tercera, este Tribunal tiene reconocida, con vocación de generalidad, la doctrina consistente en que “ la división y adjudicación de la cosa común son actos internos de la comunidad de bienes en los que no hay traslación del dominio, de modo que, en consecuencia, por primera transmisión solo puede entenderse la que tiene como destinatario un tercero “.
2) En principio, pues, la división y consiguiente adjudicación de las partes en que se hubieran materializado las cuotas ideales anteriormente existentes no son operaciones susceptibles de realizar el hecho imponible del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales. La división de la cosa común debe ser contemplada —recuerda la sentencia mencionada de 1998— como la transformación del derecho de un comunero, reflejado en su cuota de condominio, en la propiedad exclusiva sobre la parte de la cosa que la división hubiera individualizado. Con otras palabras: “ la división de la cosa común y la consiguiente adjudicación a cada comunero en proporción a su interés en la comunidad de las partes resultantes no es una transmisión patrimonial propiamente dicha —ni a efectos civiles ni a efectos fiscales- sino una mera especificación o concreción de un derecho abstracto preexistente “.
3) Lo que ocurre es que, en el caso de que la cosa común resulte por su naturaleza indivisible o pueda desmerecer mucho por su división “ la única forma de división, en el sentido de extinción de comunidad, es, paradójicamente, no dividirla, sino adjudicarla a uno de los comuneros a calidad de abonar al otro, o a los otros, el exceso en dinero” —arts. 404 y 1062, párrafo 1º, en relación este con el artículo 406, todos del Código civil-. “Esta obligación de compensar a los demás, o al otro, en metálico no es un 'exceso de adjudicación' , sino una obligación consecuencia de la indivisibilidad de la cosa común y de la necesidad en que se ha encontrado el legislador de arbitrar procedimientos para no perpetuar la indivisión, que ninguno de los comuneros se encuentra obligado a soportar “ —art. 400-.
4) Tampoco, por eso mismo, esa compensación en dinero puede calificarse de “compra” de la otra cuota, sino, simplemente, de respeto a la obligada equivalencia que ha de guardarse en la división de la cosa común por fuerza de lo dispuesto en los artículos 402 y 1.061 del Código civil, en relación este, también, con el 406 del mismo cuerpo legal .
Esta doctrina jurisprudencial evidencia que la división y consiguiente adjudicación de la cosa común no constituye una operación susceptible de integrar el hecho imponible del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, y, tampoco —debe añadirse— del Impuesto que ahora nos ocupa. Y, del mismo modo, que la cantidad en metálico que viene obligado a abonar el comunero que se adjudique la cosa por razón de su indivisibilidad tampoco se califica como “exceso de adjudicación", que sólo se producirá si la cantidad abonada supera, y en la medida en que lo supere, el valor de la cuota anterior.
En el presente caso, no se ha cuestionado ni que el bien fuera indivisible ni que la cantidad abonada por la apelante al otro comunero (hermano) superara el valor de su participación en la comunidad. Por tanto, la disolución de la comunidad no tiene naturaleza traslativa, sino meramente especificativa, no constituyendo acto sujeto al impuesto en cuestión, de forma que al no producirse el hecho imponible, la extinción de la comunidad no interrumpe el período de generación del incremento que se produzca como consecuencia de una futura transmisión del bien.
En suma, si la adjudicación, sea de bienes divisibles o indivisibles, es finalmente simple especificación de la cuota ideal o abstracta de los comuneros no hay transmisión ni tributación por ella, pues como recoge la citada STS de 28 de junio de 1999 , la “obligación de compensar a los demás, o al otro, en metálico no es un “exceso de adjudicación", sino una obligación consecuencia de la indivisibilidad de la cosa común y de la necesidad en que se ha encontrado el legislador de arbitrar procedimientos para no perpetuar la indivisión, que ninguno de los comuneros se encuentra obligado a soportar". Sólo si uno de los comuneros percibe finalmente unos bienes o una cantidad en metálico que excede de lo que corresponda a su cuota ideal o abstracta en el condominio, habrá una transmisión del exceso y deberá tributar por ella, circunstancia no producida en el presente caso.»
Lo expuesto por la sentencia transcrita es de plana aplicación al caso enjuiciado.
SEGUNDO
La demanda, por lo expuesto, debe ser estimada y las costas impuestas a la administración demandada (art. 139.1 de la LJCA).

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