19.1.11

DEUDAS CON HACIENDA DE SOCIEDAD DISUELTA

Sentencia del Tribunal Supremo de 15 de noviembre de 2010. Recurso 4064/2007.

¿Puede una sociedad disuelta y liquidada generar un recargo de apremio que posteriormente se traslade al socio?

La responsabilidad tributaria supone que hay un deudor principal que ha de encarar la deuda con sus bienes presentes y futuros, sin perjuicio de que en determinadas circunstancias deban hacer frente solidario o subsidiariamente también ciertas personas relacionadas.

Pero una sociedad disuelta y liquidada ya no existe, por lo que para que se le pueda imponer regargo de apremio tiene que haberse abierto esta vía de apremio por no pagar la sociedad en período voluntario. La Administración no puede dirigirse contra una sociedad liquidada para que cumpla sus obligaciones; en esta tesitura debe actuar directamente contra los socios.

Siendo así, la conclusión es que no se puede transmitir una obligación (el recargo de apremio) que nunca pudo nacer para la sociedad. Es decir, si la sociedad desapareció antes del fin del período voluntario hay que dirigirse a los sucesores para que cumplan en los plazos previstos en ese período voluntario. Si por contra, cuando se liquidó la sociedad la deuda se encontraba ya apremiada, los sucesores asumen, en esa vía de apremio y en los plazos previstos el pago del principal, de los intereses de demora y, en su caso de las costas.

La AEAT ya era plenamente consciente de que la SL deudora estaba disuelta y pese a ello abrió contra ella la vía de apremio, dictando providencia para reclamar deuda + 20% de recargo de apremio. Este recargo constituye, en este caso, una deuda nueva generada con posterioridad a la extinción de la sociedad, por lo que sus socios, en virtud de lo razonado, no tienen por qué hacerse cargo de la misma, al no ser un deuda pendiente cuando la compañía desapareció.

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