21.7.10

LIQUIDACION GANANCIAL Y EXCESO DE ADJUDICACION. STSJ MADRID

Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de 20 de mayo de 2010, Recurso 31/2008.

No apreciación del exceso de adjudicación en atención a la existencia de factores subjetivos que hacen semejantes en cuanto a su valor las adjudicaciones, aunque no coincidan en su precio.

1.-La sociedad ganancial no tiene personalidad jurídica.
2.- Cuando se transfieren bienes desde la comunidad a los cónyuges, no hay transmisión de propiedad; los cónyuges ya eran titulares de esos bienes y derechos, si bien en una cuota ideal; a través de la adjudicación, lo que se hace es concretar esa cuota ideal, especificar ese derecho abstracto preexistente, de forma que esa cuota comunitaria pase a ser un derecho exclusivo sobre esos bienes o derechos adjudicados.
La división y consiguiente adjudicación no es una operación que realice el HI de TPO, a tenor del 7.1.A TR.

“Se ha de dejar constancia de que los bienes inventariados pertenecientes a la sociedad de gananciales tiene un valor de 118.552.056 pesetas, de los cuales se atribuyeron a la recurrente bienes por un total de 76.276.028 (los consignados en los números 1 a 47 de la escritura de liquidación de a sociedad de gananciales, el consignado en el número 54, así como la cantidad de 19.527.378 pesetas, correspondiente a los fondos inventariados con los números 50 y 51). Al esposo se le adjudica la totalidad de los bienes inventariados en los números 48, 49,52 y 53 de la citada escritura, así como la cantidad de 23.011.280 pesetas, correspondiente a los fondos inventariados en los números 50 y 51, lo que arroja un total de 42.276.028 pesetas.”
“El problema que se plantea en el presente caso es que el reparto de bienes efectuado voluntariamente por los cónyuges a la hora de liquidar la sociedad de gananciales no respeta la proporción (50%) de su participación en la comunidad según la valoración que ellos mismos, y de manera voluntaria, han realizado. De esa falta de proporción, la Administración extrae la conclusión de que se ha producido un exceso de adjudicación a favor de la esposa al haber recibido bienes y metálico en cantidad que excede del 50% según, insistimos, la valoración con que los cónyuges han tasados los activos patrimoniales, de tal manera que realiza nueva liquidación por el exceso. No puede estar la Sala de acuerdo con tal parecer pues, los interesados se han adjudicado voluntariamente unos bienes y valores formando dos lotes de valor igual o semejante que no tiene por qué coincidir con el valor catastral de los inmuebles ni con el nominal de los fondos. Es decir, no coincide el VALOR –la valoración- con el PRECIO. Ellos se han repartido los bienes gananciales atendiendo a su propia voluntad e interés –COMO LES DA LA GANA-; sin duda, cediendo de manera recíproca en sus apetencias e intereses hasta formar dos lotes que satisficieran los deseos de ambos. Es la antigua distinción entre valor y precio.
Para formar el PRECIO se atiende al mercado y a una serie de reglas de valoración, bien de aceptación general bien impuestas por la normativa aplicable en cada caso. Sin embargo, para formar el VALOR se atiende a criterios subjetivos, en general, al interés personal de los comuneros. Así, al dividir la cosa común, cuando ésta se compone de varios o múltiples activos patrimoniales, se parte del precio de cada uno de esos elementos pero también se tiene en cuenta otros elementos como pueden ser el valor sentimental de las cosas; el valor complementario de ciertos bienes que conllevan un plus de satisfacción por la posesión de otros a los que complementan; el valor que se podría denominar personalísimo, por satisfacer gustos, aficiones, deberes profesionales, etc., en todos los casos de índole personal. Pero es que, además, también podría haber ocurrido que los cónyuges hubieran tenido en cuenta, a la hora de hacer el reparto, otros elementos como la dedicación pasada y futura a la familia, la procedencia de los fondos con los que se adquirieron uno o más bienes gananciales, etc. Lo importante es que los cónyuges se han repartido los bienes gananciales a plena satisfacción de ambos por lo que tales adjudicaciones se encuentran exentas del impuesto, sin que se detecte un exceso de adjudicación por los criterios que se dejan expuestos.”

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